INVITACIONES PARA EL ENSAYO GENERAL DE LA ÓPERA DE OVIEDO: “LE NOZZE DI FIGARO” DE W. A. MOZART. 13 de noviembre 20:00 horas

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La adjudicación de invitaciones es por orden de inscripción.
En los ensayos generales el director puede detener la representación si fuera necesario.

Le Nozze di Figaro, W. A. Mozart
Música de Wolfgang Amadeus Mozart
(Salzburgo, 1756-Viena, 1791)
Libreto de Lorenzo da Ponte (1749-1838), basado en la comedia La folle journée, ou Le Mariage de Figaro (1778) de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais.
Opera buffa en cuatro actos KV 492.
Estrenada en el Hofburgtheater de Viena, el 1 de mayo de 1786.
Producción de la OperaBallet Vlaanderen.
PERSONAJES E INTÉRPRETES
El Conde de Almaviva: David Menéndez
La Condesa de Almaviva: Ainhoa Arteta
Susanna: Ainhoa Garmendia
Figaro: Joan Martín-Royo
Cherubino: Roxana Constantinescu
Marcellina: Begoña Alberdi
Doctor Bartolo: Felipe Bou
Don Basilio: Jon Plazaola
Don Curzio: Pablo García- López
Barbarina: Elisandra Melián
Antonio: Ricardo Seguel
Dirección musical: Benjamin Bayl
Dirección de escena y diseño de vestuario: Guy Joosten
Diseño de escenografía: Johannes Leiacker
Diseño de iluminación: Jan Vereecken
Dirección del coro: Patxi Aizpiri
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias.
Coro de la Ópera de Oviedo.

Acto I.

Habitación del castillo del Conde de Almaviva.

Figaro está midiendo la habitación que el conde les ha cedido cerca de su dormitorio. Mientras tanto, Susanna se prueba un sombrero. La doncella intuye el motivo de la proximidad de la habitación. De este modo su señor la tendrá más a mano para seguir asediándola con sus propuestas amorosas. Figaro no entiende que el conde, que ha abolido el derecho de pernada, quiera ahora seducir a Susanna. El criado promete vengarse de su señor, después sale de la habitación. En un aparte el Doctor Bartolo y Marcellina traman como evitar la boda de Figaro y Susanna. La gobernanta está enamorada del joven y conserva un contrato firmado por él comprometiéndose a casarse al no poder devolverle unPRÉSTAMO. El Doctor Bartolo quiere ayudar a Marcellina. De esta forma se venga de Figaro, pues hace años, el criado ayudó al conde a quitarle a su pupila Rosina (actual condesa). Al salir, Marcellina se encuentra con Susanna. Las dos mujeres discuten agriamente. Cuando la doncella se queda sola, Cherubino, paje del conde, solicita la mediación de Susanna. Pues Almaviva lo ha visto cortejar a Barbarina, la hija del jardinero. El joven suplica a la doncella la ayuda de la condesa para evitar que lo echen del castillo. De forma inesperada aparece Almaviva. Cherubino, muerto de miedo, se esconde tras un sillón. El noble, creyéndose solo, solicita los favores de Susanna, pero ésta se resiste. De repente se escucha la voz de Don Basilio, profesor de música y organista de palacio. Almaviva temiendo ser visto, se oculta tras el sillón, sin ver a Cherubino que se ha subido al asiento, momento que aprovecha Susanna para cubrirlo con una bata. Cuando Don Basilio se presenta en la habitación relata a la doncella el interés del joven por la condesa. Almaviva al oírlo se descubre y explica cómo halló al paje haciendo la corte a Barbarina. Inesperadamente encuentra a Cherubino. Almaviva se indigna, Susanna se disculpa y Basilio se burla de todos. Cuando se calman llega Figaro con un grupo de campesinos que cantan alabanzas al conde por haber abolido el derecho de pernada. Almaviva que intuye el enredo del criado, decide contrariarlo retrasando la boda. Cherubino pide perdón al noble, pero como castigo lo envía a su regimiento militar. 



Acto II.

Dormitorio de la Condesa.

La aristócrata se lamenta de las infidelidades de su esposo. Susanna que acaba de entrar le cuenta que su marido quiere seducirla, tal como ya ha hecho con otras. Poco después llega Figaro y explica un plan para desacreditar a Almaviva. Para ello ha mandado a Basilio enviarle una carta advirtiéndole de que la condesa tiene una cita amorosa. Susanna por su parte citará al conde en el jardín. La intención de Figaro es mandar a Cherubino disfrazado, para que la condesa descubra a su esposo y se vea forzado a consentir la boda. Después Figaro les manda al paje, que acaba de recibir su patente de oficial, para que lo vistan de mujer. Almaviva alertado por el anónimo llega antes de lo previsto. Cherubino se oculta en el gabinete y Susanna tras una puerta. El nerviosismo de la Condesa se manifiesta cuando su marido le enseña la nota que Figaro le escribió. Por si fuera poco, unos ruidos en el gabinete, suscitan las sospechas de Almaviva. La condesa le dice que Susanna se está probando el traje de novia en el gabinete. Almaviva, acosado por los celos, no atiende a razones y acompañado de su señora decide ir a buscar la llave del gabinete. Cuando al fin se quedan solos, Susanna ayuda a Cherubino a saltar por la ventana. Los condes no tardan en llegar. Almaviva se dispone a romper la puerta, pero su mujer, angustiada, le confiesa que el paje se esconde en el gabinete. Ya que estaban preparando una broma para la noche. Por fin al abrir la puerta se encuentran con Susanna. El conde queda desarmado y pide perdón a su mujer. En ese momento llega Figaro, que quiere adelantar la boda pese a la negativa de su señor. La situación se complica cuando aparece Antonio, el tío de Barbarina. Éste les comenta que ha visto a un hombre saltar por la ventana, destrozando los claves del jardín. Las mujeres dudan de las explicaciones del jardinero ya que siempre está borracho. Figaro confiesa que ha sido él quien ha saltado, pero Antonio enseña el nombramiento del paje. Almaviva tiene la impresión de que es víctima de un nuevo engaño. Entre tanto, acaban de llegar, el Doctor Bartolo, Marcellina y Basilio que piden justicia al conde, ya que Figaro ha incumplido su promesa de matrimonio con la vieja.




Acto III.

Salón de palacio.

El conde medita sobre cómo obtener los favores de Susanna. La muchacha entra a buscar el frasco de sales para su señora; ante la insistencia de Almaviva acepta verle esa noche en el jardín. Pero cuando llega Figaro, Susanna comete el error de decirle que el proceso está ganado. El conde lo oye y se da cuenta del engaño. Poco después llegan Marcellina, el doctor Bartolo, Figaro y el notario Don Curzio. Tras celebrarse el juicio, la sentencia obliga a Figaro a cumplir su promesa de matrimonio por incumplimiento de la deuda contraída con Marcellina. El criado, que no tiene el dinero, les dice que no puede casarse: es huérfano y necesitaría el consentimiento de sus padres. Para sorpresa de todos se descubre que es hijo de Marcellina y Bartolo. Su madre, embargada por la emoción, lo abraza con ternura. El doctor, sin mucho entusiasmo, confirma la noticia. Todos se felicitan del reencuentro familiar. Susanna que acaba de llegar con dinero de la dote que le ha dado la condesa para liberar a Figaro, viendo la armonía existente entre Marcellina y Figaro, piensa que su prometido se ha casado con la vieja. Molesta por la situación propina un bofetón a Figaro. Tras las aclaraciones oportunas, Marcellina y el Doctor Bartolo deciden casarse el mismo día que su hijo. Almaviva que no puede controlar su mal humor sale del salón hecho una furia. Barbarina que acaba de llegar comunica a todos su intención de disfrazar a Cherubino para que pueda asistir a la boda. Mientras tanto, la condesa, que lamenta sus años de amor perdidos, toma la decisión de continuar la burla urdida por Figaro. Llama a Susanna y le dicta una carta confirmando a su marido la cita nocturna. En la misiva le indica que devuelva el broche que cierra la nota como prueba del encuentro. Cuando llega Almaviva, su mujer está recibiendo a las aldeanas que ofrecen flores a la condesa. Antonio descubre entre las jóvenes a Cherubino. Almaviva se indigna y lo fulmina con la mirada. Sin embargo Barbarina le recuerda sus promesas amorosas. Una vez más el noble queda en evidencia. Momentos después llega el cortejo nupcial. Dos muchachas entonan alabanzas al conde por la supresión del derecho feudal. Llenos de alegría, los invitados reciben a las dos parejas: Bartolo y Marcellina y Figaro y Susanna. En un aparte la criada entrega al conde la carta y el broche. Cuando termina la ceremonia, Almaviva propone una gran fiesta para la noche.




Acto IV.


Jardín de palacio con dos pabellones. Es de noche. Barbarina encargada por el conde de devolver el broche, lo ha perdido. Figaro y Marcellina que pasean por el jardín, se encuentran con la muchacha que les explica la cita de Susanna y Almaviva. El criado quita un adorno del vestido de su madre y se lo da a la joven, haciéndola creer que es el broche que ha perdido. Luego Barbarina marcha a cumplir el encargo. Entre tanto Marcellina asegura a su hijo que las declaraciones de la joven son ciertas y le aconseja tener paciencia. Cuando Figaro se queda solo conduce a Basilio y a Bartolo al lugar de la cita. En ese instante llegan al jardín la condesa y Susanna con los vestidos cambiados. La condesa entra con Marcellina en el pabellón de la izquierda y Susanna se queda sola. Para provocar a Figaro, que sabe que está escondido, canta una canción de amor. Luego Susanna se va y la condesa ocupa su lugar. Cherubino se acerca. Creyendo que es Susanna trata de darle un beso. De pronto aparece Almaviva y debido a la oscuridad, recibe el beso del paje. Cuando intenta darle un bofetón, lo recibe Figaro que acierta a marchar en ese momento. Almaviva viendo a la condesa, la toma por Susanna. Se acerca y le da un anillo. Poco después aparece gente portando unas antorchas. Almaviva huye al bosque y la condesa se oculta en el pabellón derecho. Figaro que no ha entendido nada, viendo a Susanna piensa que es la condesa. Pero pronto se da cuenta del engaño y continúa la escena de seducción para provocar a la joven. Ésta no puede dominar su indignación, pero tras aclarar la situación, los dos se abrazan. De nuevo aparece Almaviva. Para irritar a su señor, Figaro se arrodilla ante Susanna figiendo que se está declarando a la condesa. Almaviva trata de detenerlos pero los jóvenes se esconden en el pabellón. Un grupo de aldeanos acompañan al doctor Bartolo y Don Basilio. En presencia de todos, el aristócrata denuncia la infidelidad de su esposa. Después se dirige al pabellón donde ha visto entrar a Susanna. Cuando sale la joven, Almaviva la declara infiel, y aunque Susanna finge implorar perdón, Almaviva no quiere concedérselo. Finalmente su mujer sale de su escondite mostrando el anillo que su esposo había entregado a Susanna. El aristócrata solicita de nuevo el perdón de su mujer. Tras la reconciliación, todos, felices, se disponen a disfrutar de la fiesta nupcial.

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